Mostrando entradas con la etiqueta estudios wesleyanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estudios wesleyanos. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de septiembre de 2015

Nueva serie: El Metodista Pregunta

Identidad wesleyana: El Metodista Pregunta


Con la finalidad de contribuir con el fortalecimiento de la identidad wesleyana en nuestro continente, el Instituto de Estudios Wesleyanos - Latinoamérica (IEW-LA) inicia la publicación de la traducción del libro United Methodist Questions, United Methodist Answers, escrito por el Dr. Belton Joyner Jr. ministro de la Iglesia Metodista Unida de los EE.UU. y especialista en historia y doctrina wesleyana.

El libro propone 78 de las preguntas más recurrentes entre los metodistas no solo de EE.UU. sino de todo el mundo, las cuales son respondidas de modo fundamentado, concreto y ameno por el Dr. Joyner. 

Para la fundamentación de las respuestas, el autor se basa en documentos oficiales de la Iglesia Metodista Unida de los EE.UU.; los tres volúmenes de la colección The Works of John Wesley; y Explanatory Notes upon the New  Testament, de John Wesley.

Es necesario señalar que el IEW-LA cuenta con el permiso expreso del autor, Dr. Belton Joyner Jr., propietario del copyright del libro, para la traducción y publicación de fragmentos de la obra, lo que nos lleva a realizar una selección de preguntas y respuestas por cada uno de los trece capítulos, haciendo incidencia especialmente en los temas doctrinales y éticos, antes que en los temas relativos a organización e historia.

Semanalmente estaremos haciendo entrega de dos preguntas y respuestas, a través de nuestras redes sociales (Facebook, Blogger y Twitter) en una serie que hemos denominado El Metodista Pregunta. El autor recomienda la lectura personal de cada uno de los temas y la discusión grupal de los mismos en reuniones de estudio en la iglesia, con la finalidad de compartir opiniones, fortalecer los aprendizajes y afirmar la identidad wesleyana.



Johnny Llerena
Coordinador Ejecutivo
IEW-LA


martes, 21 de abril de 2015

Espiritualidad ilustrada


Dr. Gonzalo Báez-Camargo

Los voceros de un pietismo oscurantista pretenden que la verdadera espiritualidad menosprecia la ilustración y la cultura. Quieren que la ignorancia se escude tras una sedicente santidad. Hacen de la inteligencia una bohardilla separada del alma y suponen que el alma puede gozar de luz cuando la inteligencia está en tinieblas.

Encontré una vez, en una Universidad de los Estados Unidos, a un joven estudiante, miembro del movimiento llamado Juventud para Cristo parado ante la mesa en que se exhibían los libros recomendados durante una campaña de evangelización estudiantil. “¿Ve usted todos esos libros? –me dijo. Pues yo no necesito leerlos para la salud de mi alma”.

Ciertamente, el saber mucho no salva, pero un cristiano redimido que sabe mucho y pone lo que sabe al servicio de su Redentor puede ser en las divinas manos un instrumento más útil. San Pablo dijo: “si yo tuviese toda la ciencia… y no tengo amor, nada soy”. Pero dijo lo mismo de la fe. Y a los filipenses encargaba: “Que vuestro amor abunde más y más en ciencia y en todo conocimiento para que discernáis lo mejor”.

El movimiento metodista fue la irrupción de una nueva y honda espiritualidad, pero de una espiritualidad ilustrada. Una espiritualidad que desde los comienzos procuró difundir y emplear la educación y la lectura de buenos libros. Los clérigos oficiales de la época, atiborrados de latines, metafísicas y teologías, fruncían la nariz ante los predicadores y congregantes metodistas, tildándolos de turbas ignorantes. Y es cierto que la gran mayoría provenía de las capas ignaras del pueblo. Pero Wesley no los conservó ignorantes. Mucho menos les embotó la mente con la pampirolada de que la santidad no necesita ilustrarse.

A sus predicadores les prescribía cursos de lectura sistemática sobre los que se les examinaba. Les demandaba “cuando menos cinco horas de cada veinticuatro dedicadas a la lectura de los libros más útiles”. Sin leer extensamente –decía- no puede uno “ser jamás un predicador profundo ni tampoco un completo cristiano”. Poniendo por ejemplo, el Fundador era un lector voraz sobre una gran variedad de asuntos. Tenía un interés especial por la física y, dentro de ellas, por la electricidad. Devoró cuando le cayó en mano de los escritos de Franklin, Priestley y otros famosos físicos de la época. Hacía él mismo experimentos con máquinas eléctricas. De modo particular le interesaba la aplicación de la electricidad a la medicina, otra ciencia que estudió con asiduidad. Hasta escribió un curioso libro intitulado Física Primitiva (método fácil y natural de curar la mayoría de enfermedades).

identidad wesleyana: espiritualidad ilustrada
Personalmente preparó su famosa BIBLIOTECA CRISTIANA, compuesta de cincuenta volúmenes, que hizo publicar, abreviando y condensando, para hacerlas más accesibles al pueblo, obras de los mejores autores. Fue una de las más notables y primeras colecciones de divulgación y cultura popular de los tiempos modernos. Estableció “Salones de Lectura”. Encomendó a sus predicadores la difusión intensa y constante de libros, encareciendo que cada uno de ellos fuese un “Mayordomo del Libro”.

Los metodistas, aun los más pobres y humildes, iban formando en sus hogares –cosa inaudita hasta entonces- pequeñas colecciones de libros, las primeras bibliotecas privadas entre las masas populares de aquel tiempo. Los predicadores itinerantes, que recorrían kilómetros y kilómetros a caballo, llegaban a las más apartadas aldeas con las alforjas de sus monturas llenas de libros y folletos. Wesley formó un fondo especial para proveer de libros a muy bajo costo a las gentes más pobres. Escribió la REVISTA ARMINIANA. El metodismo fue, en una palabra, el primer gran movimiento moderno de educación de los adultos y de difusión popular de la cultura.

Añádase a esa tenaz campaña a favor de la lectura, la fundación de escuelas elementales para chicos y grandes, entre ellas aquellas primitivas Escuelas del Domingo, precursoras de las Escuelas Dominicales de Roberto Raikes y que eran, como se sabe, no solo escuelas de instrucción religiosa, sino de primeras letras e iniciación en las artes y las ciencias. “Predicad expresamente en pro de la educación”, era la consigna de Wesley a sus predicadores. Y cuando alguno objetaba: “Pero es que yo no tengo don para eso”, la respuesta del Fundador no se hacía esperar: “Con don o sin él, tienes que hacerlo: de otro modo, no estás llamado a ser un predicador metodista”. Con razón dice de él la Enciclopedia Británica: “Ningún hombre hizo tanto en el siglo dieciocho para crear el gusto por la buena lectura y para proveerlo con libros a los más bajos precios”.

Por eso el avivamiento metodista fue no solo un resurgimiento de la espiritualidad, sino un verdadero renacimiento de la cultura y la educación popular. La santidad que Wesley predicaba no era la SANCTA SIMPLICITAS –la “santa ignorancia” del oscurantismo. Era un fulgor de luz en el corazón, que llegaba a la inteligencia. Quería que sus predicadores fuesen piadosos, sí, ante todo, pero a la vez ilustrados, estudiosos, lectores asiduos, e infatigables diseminadores de la educación y la cultura.

Nada más fácil que hacer de una falsa piedad la cobertura de la indolencia y el enmohecimiento intelectuales. Nada más que pretender disimular, con una sarta de frases pías, ya bien memorizadas y sobadas, la falta de estudio y preparación. Nada más fácil que suplir la solidez del pensamiento y el fervor auténtico, jamás reñido con la ilustración, apelando al clamor de platillos y redoble de tambores de una “elocuencia” inflada y lacrimosa. Pero nada de eso tiene derecho a apellidarse “metodista” porque el metodismo genuino fue, ha sido y debe seguir siendo PIEDAD CULTA, SANTIDAD INTELIGENTE Y ESPIRITUALIDAD ILUSTRADA.


Fragmento (3 de 6) del libro El reto de Juan Wesley a los metodistas de hoy, publicado originalmente en 1953 y vuelto a publicar el 2014 por el Instituto de Estudios Wesleyanos - Latinoamérica

También puede leer:

Primera entrega: Un avivamiento evangélico.
Segunda entrega: Un entusiasmo racional.


Aviso importante
Si usted desea reproducir este artículo, favor colocar el siguiente texto:


martes, 14 de abril de 2015

Un entusiasmo racional


















Dr. Gonzalo Báez-Camargo

A los primeros metodistas les llamaron “los entusiastas”. Los primeros metodistas no fueron, realmente, aquellos jóvenes estrictos y tiesos del Club Santo de Oxford, que buscaban en una piedad legalista y ascética su salvación. Los primeros metodistas fueron en verdad aquellos rudos mineros de Cornwallis, aquellas mujeres rescatadas del arroyo, aquellos deshollinadores de Londres. 

Todas aquellas gentes postergadas por la sociedad –para quienes el mensaje de la gracia universal e infinita de Dios en Cristo, predicado por Wesley, fue como la irrupción de un gozo incontenible en sus vidas, antes opacas y silenciosas.

Lo que más le criticaban al metodismo primitivo los clérigos ritualistas de la Iglesia oficial y los señorones estirados de la alta sociedad inglesa, era su entusiasmo. El movimiento estuvo a punto de llamarse “entusiasmismo” en vez de “metodismo”. Porque el apodo de “entusiasta” andaba por ahí del brazo de “metodistas”. ¡Imaginémonos! Seríamos hoy la Iglesia Entusiasta, en vez de la Iglesia Metodista.

El primer sermón que predicó Wesley después de su experiencia en Aldersgate fue sobre el texto: “Y esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe”. Fue un canto de victoria. El metodismo nació al son de trompetas triunfales, llevando cantos de liberación en los labios, y un venero de sagrada exaltación en los corazones. “Esa noche –escribe Wesley en su Diario- me atacaron rudamente en un gran concurso de personas, llamándome entusiasta”. Y cuando Carlos Wesley se echó por campos y plazas alzando sus inmortales himnos de gracia, amor, gozo y victoria espiritual, el metodismo se hizo un encendido cántico, y las míseras y oprimidas masas populares rompieron en oleadas de entusiasmo. “Una piedad agria –escribió otra vez el Fundador – es religión del diablo”.

Quienes hablan y escriben, a golpe de vista, y de oídas, sobre la “frialdad del protestantismo”, que pasan por alto ese fuego, esa efusión de entusiasmo y gozo rebosante, que han encarnado en movimientos como el moravo o el metodista. Las masas inglesas no habían conocido más alegría que la tórpida y artificial de los licores ni más cantos que los procaces de la taberna. Un día se sintieron poseídos de una embriaguez espiritual –como los apóstoles en el Pentecostés- y se echaron a cantar himnos de redención: había nacido el metodismo.

Pero no se piense que el metodismo primitivo se convirtió en una simple oleada de emociones desbocadas y se sentimentalismo ululante. Wesley había experimentado un profundo cambio en el corazón, pero siempre conservó la cabeza sobre los hombros. Su madre Susana lo había enseñado, desde pequeño, a razonar tan serenamente como fuera posible, antes de tomar decisiones. Y de ahí tomo la costumbre de escribir en un papel, minuciosa y hasta fríamente, el pro y el contra de cualquier cuestión, para pesar las razones de obrar en un sentido o en otro.

Identidad Wesleyana: entusiasmo racional
Así fue como más tarde, cuando llegó a su vida la arrolladora experiencia personal de la gracia, y cuando encabezó el más poderoso avivamiento cristiano de la época,  y uno de  los más poderosos de la historia, pudo combinar el entusiasmo con el juicio, el sentimiento con la inteligencia, el arrebato de la alegría con el dominio de la razón.

En las reuniones metodistas comenzaron a suceder cosas extrañas. Gente que prorrumpía de pronto en carcajadas, en gritos, en gemidos desgarradores: gente que caía al suelo retorciéndose o se ponía a bailar y saltar. Juan Wesley observó aquello con suma preocupación y decidió que todo eso era obra del diablo, que quería frustrar el gran avivamiento. Entonces comenzó, con dulzura, pero con inquebrantable firmeza, a reprimir aquellos brotes del emocionalismo sin gobierno. Sin perder su entusiasmo. EL MOVIMIENTO EXCLUYÓ LAS EXTRAVAGANCIAS Y EL METODISMO SE SALVÓ DE CONVERTIRSE EN HISTERISMO. Fue un ENTUSIASMO RACIONAL.

Conviene recordarlo cada vez que nos sintamos tentados de albergar un sentimentalismo teatral y a buscar, en los avivamientos, la excitación desgobernada de las emociones. Nada más fácil, después de todo, que sacudir el sentimiento y poner los nervios de punta. Basta con quebrar la voz, con ponerse en trance lacrimoso y usar una elocuencia voluptuosa para suscitar desde el púlpito un desbordamiento de la emoción. Y con que otros secunden con ruidos “amenes” y estentóreos “aleluyas”. Cierto que hay momentos de profundo sentir; tocamientos desde lo alto que nos llegan a lo más vivo del alma. Eso no autoriza a convertir la excitación sistemática y desatentada de las emociones en recursos bastardo de oratorio y técnica deshonesta de un seudo evangelismo.

Nuestro Señor Jesucristo, en quien habitaba la plenitud del Espíritu Santo, era la persona más equilibrada, sensata y serena que ha existido. Nada de convulsiones histéricas. Por el contrario, a los atacados y poseídos, les “echaba fuera demonios”. Tuvo sus grandes crisis personales: su cuarentena en el desierto, su Gethsemaní, pero su predicación apelaba a la inteligencia a la vez que al corazón: era un maestro que explicaba y enseñaba tranquilamente a la vez que un predicador que hacía sonar su profética voz de llamamiento. Y cuando el entusiasmo de las masas se excedía y desencaminaba “despedía a las gentes” y se iba solo “al monte a orar”.

La manera más segura de frustrar un avivamiento es convertirlo en explosión y humareda de simples emociones. Fiel discípulo de Jesucristo, Juan Wesley, lo entendió así. Yendo más allá de las impresiones del momento –cuya exageración reprimió sin vacilar- buscó en un verdadero cambio de vida y de carácter la prueba de la verdadera conversión, y de la presencia real del Espíritu Santo. Y por eso pertenece al genio del metodismo auténtico ser  entusiasta, sí, pero ENTUSIASMO RACIONAL.

Fragmento (2 de 6) del libro El reto de Juan Wesley a los metodistas de hoy, publicado originalmente en 1953 y vuelto a publicar el 2014 por el Instituto de Estudios Wesleyanos - Latinoamérica.

Puedes ver la primer entrega: Un avivamiento evangélico, AQUÍ


Aviso importante
Si usted desea reproducir este artículo, favor colocar el siguiente texto:


martes, 7 de abril de 2015

Un avivamiento evangélico

Un avivamiento evangélico - Gonzalo Baez Camargo



















-Dr. Gonzalo Báez-Camargo


El metodismo no fue otra cosa que una de las varias expresiones el ímpetu de constante renovación espiritual, por encima y por debajo de formas anquilosadas y vacías, que constituye el genio y la potencia del cristianismo. Está emparentado con todos los movimientos de reforma cristiana que han aparecido en el recurso de la historia. Fue, como todos ellos, un esfuerzo pujante por retornar a las fuentes originales y a la experiencia auténtica del cristianismo evangélico y apostólico. “El avivamiento evangélico del siglo XVIII” es la expresión sinónima del metodismo que usan los historiadores.

Juan Wesley no se propuso fundar una nueva Iglesia o una nueva denominación. Si la fuerza de las circunstancias históricas obligó al metodismo a constituirse finalmente en una denominación e Iglesia por separado, tal cosa sucedió contrariamente a lo deseos y propósitos originales del reformador. Wesley se consideró siempre a sí mismo como un ministro de la Iglesia Anglicana, y el nombre que primeramente dio a los grupos metodistas fue el de “Sociedades” y no el de Iglesias o de Iglesia. No quería separarse de la Iglesia Anglicana, sino reformarla por dentro.

Cada paso que el Fundador dio en dirección de una organización por separado, le fue impuesto, en gran parte, por la actitud intolerante y persecutoria de los jerarcas anglicanos de su época. Como le negaron el uso de los púlpitos oficiales, se echó a predicar a las calles y los campos. Como los obispos anglicanos se negaban a ordenar a sus predicadores, él creó una orden de “predicadores laicos” (los verdaderos propagadores del metodismo), y solo después de una lucha interna se decidió a ordenar, en compañía de otros presbíteros del orden anglicano, nuevos ministros. Solo ante lo que por el momento parecía irremediable, se rindió, no sin dolor, a la necesidad de romper la unidad del anglicanismo.

qué es el metodismoEn su tratado “El Carácter de un metodista”, (1742), Wesley escribía: “Es el sencillo y antiguo cristianismo lo que yo predico, renunciando y detestando todas las otras marcas de distinción. Pero de los verdaderos cristianos, CUALQUIERA QUE SEA SU DENOMINACIÓN, deseamos ardientemente no distinguirnos en nada… por cuestión de opiniones y de términos no destruyamos la obra de Dios. ¿Amas y temes a Dios? ¡Eso es bastante! Te extiendo la mano derecha del compañerismo”.
Y luego, repudiando el cargo de que quería fundar una nueva secta, el Primer Metodista llega a decir: “Yo me regocijaría (tan poca ambición tengo de ser la cabeza de una secta o partido) si el propio nombre METODISTA no volviera a ser mencionado jamás sino fuera sepultado en eterno olvido”.

Es claro, pues, que la esencia del metodismo no está en peculiaridad alguna ni en un prurito de “ser diferente” o de ser algo más y mejor, “denominacionalmente” hablando, que los demás grupos cristianos. El metodismo aspiró a ser y fue, ante todo, “un avivamiento evangélico”. Como tal, halló expresión no solo en las sociedades metodistas, sino en los aviamientos sucesivos que, por repercusión espiritual, experimentaron las otras denominaciones, inclusive, a la larga, la propia Iglesia de Inglaterra, algunos de cuyos altos representantes abrieron, más tarde, con cariño y respeto, a Wesley anciano, púlpitos que se le habían cerrado.

Avivamiento evangélico. ¿Qué quiere decir esto? Simplemente un retorno a la experiencia y doctrina de la salvación por la gracia libre y universal de Dios en Cristo Jesús, y al género de vida y obras cristianas que proceden de esa experiencia.

Primero la experiencia y luego la doctrina. El metodismo no surgió de una lucubración teológica ni de una supuesta cruzada “fundamentalista”. Surgió de una viva experiencia de la gracia regeneradora de Jesucristo. La teología vino después y no con talante inquisitorial e intransigente. Pues si, por ejemplo, había en el metodismo una fuerte inclinación arminiana, también existía en él una rama calvinista de importancia. Y por sobre algunas controversias inevitables entre ambas tendencias, estaba, esencialmente, la unidad de una experiencia: la de la regeneración por la gracia divina: además, el fallo último del propio Wesley: “En cuanto a todas las opiniones que no lesionan las raíces del cristianismo, NOSOTROS PENSAMOS Y DEJAMOS PENSAR”. Nada más lejos del verdadero espíritu metodista que el querer, persona o grupo alguno, erigirse en supremo e inapelable tribunal de ortodoxia.

“Los fundamentos mismos del movimiento, -dice J.W. Bready- fueron prácticos y experimentales más que teóricos o metafísicos”. Experiencia de la gracia regeneradora de Dios en Cristo. He ahí la esencia del metodismo. Pero ya se ve que no es esencia exclusiva. Todo verdadero cristiano, metodista por nombre o no, ha de tener esa experiencia. Toda denominación, metodista de nombre o no, que haga hincapié en esa experiencia, como la substancia del ser cristiano, y la busque y promueva entre sus miembros, es tan cristiana y evangélica como el metodismo. Y toda persona o grupo metodista que carezca de esa experiencia, o que dé más importancia a formas de orden eclesiástico, ritos o tradiciones que a ella, no tendrá de metodista, sea quien fuere y llámese como se llame, otra cosa que un nombre sin sentido.


Fragmento (1 de 6) del libro El reto de Juan Wesley a los metodistas de hoy, publicado originalmente en 1953, y vuelto a publicar el 2014 por el Instituto de Estudios Wesleyanos - Latinoamérica. 


Aviso importante
Si usted desea reproducir este artículo, favor colocar el siguiente texto:


martes, 24 de marzo de 2015

La lucha de Wesley contra la esclavitud

John Wesley contra la esclavitud


Durante cuatro siglos la humanidad observó, con la complacencia de algunos y el horror de otros, uno de los actos más bárbaros de la civilización occidental: el tráfico de seres humanos como esclavos, principalmente desde África. Por ello, cada 25 de marzo las naciones del mundo rememoran el Día Internacional para el Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud.


Conozcamos un poco esta historia: en 1773, Inglaterra firma un tratado con el que obtiene el monopolio del comercio de esclavos desde su secuestro en África hasta su venta en América. Este inmoral comercio le valió al estado Inglés grandes sumas económicas (Olivera 2009: 20).


Una de las voces que se alzó contra esta práctica inhumana fue la del Rev. John Wesley. En 1774 Wesley publica un ensayo titulado Reflexiones sobre la esclavitud, en el que fija su posición clara y determinante sobre esta repudiable acción y acusa a los propios ingleses:


Es vuestro dinero el que paga al mercader, y por medio de él al capitán y a los carniceros africanos. Vosotros sois por lo tanto culpables, sí, principalmente culpables de todos estos engaños, despojos y asesinatos. Vosotros sois el resorte que pone todo el resto en movimiento: ellos no moverían un dedo sin vosotros; por lo tanto, la sangre de ellos (...) cae sobre vuestras cabezas (Obras de Wesley. Tomo VII).


En este texto describe de manera puntual los horrores en los que se vieron sumidos los esclavos africanos:


Cuando son llevados a la costa para ser vendidos, nuestros médicos los examinan cuidadosamente y ello completamente desnudos, sean mujeres u hombres sin distinción. Los que son aprobados son colocados a un lado. Mientras tanto, un hierro candente con el escudo o el nombre de la compañía, yace entre las brasas, con el cual son marcados en el pecho. Antes de subir a las naves, sus amos les quitan todas las cosas que cargan sobre sus espaldas: así que llegan a bordo desnudos, tanto mujeres como hombres. Por lo común varios cientos son cargados en un barco, donde son hacinados en el menor espacio posible. Es fácil suponer qué condiciones deberán enfrentar de inmediato entre calor, sed y pestilencias de varias clases. Así, pues, lo sorprendente no es que muchos mueren en la travesía, sino que algunos sobrevivan.


Además, denuncia la atrocidad con que padres y madres son separados de sus hijos e hijas:


Cuando las naves arriban a su puerto de destino, los negros son nuevamente exhibidos desnudos ante los ojos de toda aquella gente y la inspección de sus compradores. Luego son separados para las plantaciones de sus diversos amos para no verse jamás entre sí. Aquí uno puede ver a las madres abrazándose a sus hijas, regando con lágrimas sus desnudos pechos, y a las hijas colgándose de sus padres hasta que el látigo los obliga a separarse pronto. ¿Qué condición puede ser más desdichada que aquélla a la que ingresan? Proscritos de su país, de sus amigos y relaciones para siempre, de todo bienestar para la vida, son reducidos a un estado apenas preferible al de las bestias de carga.


Después Wesley se dirige a los hacendados:


Tal vez dirás: "Yo no compro negros; solo uso lo que me dejó mi padre". Hasta ahí está bien, pero no es suficiente para satisfacer tu propia conciencia. ¿Tuvo tu padre, tienes tú, tiene alguna persona viviente el derecho de usar a otra persona como esclavo? No puede ser, ya sea por guerra o contrato, que cualquier ser humano sea dado en propiedad a otro, como se puede con las ovejas o los bueyes. Mucho menos es posible que criatura humana alguna, nazca como esclavo.


Y hace un llamado a devolverles la libertad a todos los esclavos sin excepciones y terminar con este infame capítulo de la historia de la humanidad (Gama 2008: 31).


Por tanto, si tienes alguna consideración por la justicia, (ni qué decir de la misericordia, ni de la ley revelada de Dios), devuelve a cada uno lo que es suyo. Otorga libertad a quien se le debe libertad, es decir, a toda criatura humana, a todo participante de la naturaleza humana. Que nadie te sirva sino por propia voluntad y acción, por su propia elección. ¡Fuera con los látigos, las cadenas, con toda opresión! Sé amable con todo ser humano; y mira e hacer invariablemente a los demás lo que tú quieres que los demás hagan contigo.


Pero la lucha para la abolir la esclavitud debía conseguirse en el lugar donde se hacen las leyes. Es aquí donde surge la figura de William Clarkson Wilbeforce, un parlamentario inglés convencido de que la esclavitud debía terminar. En 1791 presentó su primer proyecto para conseguirlo, mas no obtuvo el resultado esperado. Entristecido por no lograr su cometido fue alentado por Wesley a no abandonar sus ideas:


A menos que Dios lo haya llamado justamente para esto, terminará agotado ante la oposición de hombres y demonios. Pero si Dios está de su lado, ¿quién podría con usted? ¿Son, todos ellos juntos, más fuertes que Dios? Oh, no se canse de hacer el bien. Siga adelante en nombre de Dios y en el poder de su potencia, hasta que aún la esclavitud en Norteamérica –la cosa más vil que haya visto yo bajo el Sol– se esfume. Que la guía divina que desde su juventud Dios le proporciona continúe fortaleciéndolo en esta y todas las cosas, es la oración, estimado señor, de este atento siervo. John Wesley.


Wesley no alcanzó a ver el fin del comercio de esclavos africanos, murió en 1791. Wilbeforce consiguió en 1807 la prohibición del tráfico de esclavos y en 1833 se firma el Acta de Emancipación que acaba con la esclavitud legal en tierras bajo dominio británico (Olivera 2009: 21).


Sin embargo, la figura de Wesley es reconocida por haber tomado la bandera de la libertad en defensa de todo ser humano al margen de sus creencias religiosas y de su origen. Hoy, en pleno siglo XXI, la trata de personas la esclavitud de estos tiempos es una realidad contra la que todos debemos alzar la voz.


Se estima que 2.5 millones de personas están atrapadas en las redes de la esclavitud moderna. Hombres, mujeres y niños caen en las manos de traficantes tanto en su propio país como en el extranjero. Todos los países están afectados por la trata, ya sea como país de origen, tránsito o destino de las víctimas. La esclavitud, tanto en su forma moderna como en la antigua, no es sólo una vergüenza, sino que es «la execrable suma de todas las villanías», como la definió el abolicionista John Wesley, y no tiene cabida en nuestro mundo. (Naciones Unidas).

En la segunda parte de este artículo veremos cómo John Wesley rebate uno a uno los argumentos que usaban los esclavistas para mantener aquel perverso sistema. 


Aviso importante
Si usted desea reproducir este artículo, favor colocar el siguiente texto:

Artículo tomado del Blog del Instituto de Estudios Wesleyanos - Latinoamérica
Sandro Izaguirre S.
Comunicaciones IEW-LA

martes, 17 de febrero de 2015

¿Quieres formar un Grupo de Pacto de Discipulado en tu iglesia?

Rev. Mark Wethington en el Instituto de Estudios Wesleyanos -Latinoamérica

Los Grupos de Pacto de Discipulado son parte indiscutible de la identidad wesleyana y, como ya hemos visto en un post anterior, fue de uno de los espacios para fortalecer el naciente movimiento Metodista, además de contribuir con el crecimiento espiritual de sus miembros. En un segundo post acerca del tema, vimos algunas de sus características más importantes, cómo funcionan, cuál es su dinámica e incluso qué cosa no son los Grupos de Pacto de Discipulado.

Si estás interesado en formar en tu iglesia Grupos de Pacto de Discipulado, queremos compartir contigo una gran noticia: el Instituto de Estudios Wesleyanos - Latinoamérica está organizando el taller Formación de Grupos de Pacto de Discipulado, dirigido a pastores y líderes laicos interesados en conocer e iniciar en sus iglesias esta práctica de la tradición wesleyana.

El taller se desarrollará el próximo 7 de marzo de 9:00 a.m. a 1:00 p.m. en el local del Instituto de Estudios Wesleyanos - Latinoamérica, sito en Av. Andrés Rázuri 327, Maranga, San Miguel. El facilitador será el Rev. Mark Wethington, presidente de Wesley Heritage Foundation, ministro ordenado en la Iglesia Metodista Unida; PhD. en Duke University. 

Se brindarán materiales de trabajo y refrigerio. Los participantes obtendrán constancias de participación. Para mayor información escribir a instituto@iew-la.org.



miércoles, 11 de febrero de 2015

Cómo funcionan los Grupos de Pacto de Discipulado (Segunda parte)

Grupo de Pacto de Discipulado: Instituto de Estudios Wesleyanos

















En una entrega anterior hablamos acerca del origen de los Grupos de Pacto de Discipulado: cómo se gestaron y qué cambios tuvieron en el tiempo, cuál fue su influencia para el fortalecimiento del movimiento Metodista y de qué manera impactó en la experiencia personal de cada miembro.


Ahora nos ocuparemos del funcionamiento de los Grupos de Pacto de Discipulado en la actualidad. Por lo general el grupo se componen de entre seis y siete personas que se reúnen semanalmente por una hora con el propósito de sostenerse unos a otros mutuamente. Algunos grupos se conforman por hombre y mujeres, otros son solo de mujeres o solo de hombres.
Los Grupo de Pacto de Discipulado están abiertos a toda persona de la congregación que tenga la voluntad de seguir el camino de Jesús y que, además, esté dispuesta a rendir cuentas de su andar con Jesucristo en el mundo.


Como encontramos en la página de nuestro programa de educación teológica E-Comunidad Wesleyana para las Américas:

El propósito de las reuniones semanales es la mutua rendición de cuentas y apoyo para el discipulado. El grupo es guiado por un pacto que los integrantes escriben, formado por la Regla General de Discipulado:


"Para dar testimonio de Jesucristo en el mundo y para seguir sus enseñanzas a través de actos de compasión, justicia, culto y devoción bajo la guía del Espíritu Santo".


Estos grupos tienen una eficacia comprobada para el crecimiento y el descubrimiento de nuevos líderes, pues son espacios seguros y abiertos, donde los discípulos de todas las etapas del camino al crecimiento espiritual comparten experiencias, haciendo suyos la atención a los demás.

Pero se debe resaltar que la labor de discipulado no se realiza durante una hora a la semana, sino precisamente en todo el tiempo restante de los siete días; la mutua rendición de cuentas y el apoyo que recibe el miembro del grupo lo mantiene consciente de lo que debe hacer como un seguidor de Jesús.


¿Cómo son las reuniones?
La mayoría de grupos inician la reunión semanal con una oración y haciendo una breve lectura bíblica. Pero no son estas acciones el objetivo principal de las reuniones, los miembros, sin duda, leen y estudian la biblia, pero en otro momento y otro espacio. Una vez que comienza la sesión, la dinámica central es la rendición de cuentas y el apoyo mutuo. 

Los grupos de Pacto de Discipulado NO son…


• Grupos de Estudio Bíblico
• Grupos de Oración
• Grupos de Encuentro
• Grupos Celulares
• Grupos que comparten
• Grupos de vecinos
• Grupos de servicio
• Grupos de defensa
• Grupos de Crecimiento
• Grupos de Extensión
• Grupos de ayuda


Los primeros pasos al formar el Grupo de Pacto de Discipulado en la congregación
En un documento de trabajo de la Iglesia Metodista Unida se refiere que los primeros pasos que debe seguir el líder cuando se conforman los grupos son:
  • Si su congregación está iniciando el Ministerio de Pacto de Discipulado, visite a su pastor o pastora y a los otros líderes para comprender sus esperanzas sobre las formas en que este programa va a satisfacer la misión de la iglesia y sus esperanzas para su liderazgo. 
  • Estudie los recursos para ideas cuando se va a iniciar un programa. Reúna a un grupo de personas interesadas para que le ayuden a planificar.
  • Asista a la reunión regular del Líder de Pacto de Discipulado para aprender a ayudar a los miembros de la clase en su discipulado.
  • Trabaje con otros líderes ministeriales en su congregación para desarrollar una lista de sugerencias para que los miembros de la clase practiquen actos de compasión, justicia, adoración y devoción cuando dan testimonio de Cristo en el mundo. 

El rol del líder dentro del Grupo de Pacto de Discipulado
El mismo documento se ocupa de las labores encomendadas a los líderes de los grupos
  • Reunirse semanalmente en un Grupo de Pacto de Discipulado.
  • Desarrollará un plan para contactar miembros de clase en forma regular para “vigilarlos con amor” (frase de Juan Wesley). Este contacto se puede hacer por llamadas telefónicas, cartas o visitas personales.
  • Motivará a los miembros de la clase a practicar justicia, compasión, adoración y devoción, a la vez ser testigos de Cristo en el mundo.
  • Conocerá los recursos para ayudar a los miembros de la clase a que se preparen cuando realizan sus actos de adoración, devoción, justicia, compasión y testimonio de Jesucristo.
  • Los líderes de clase se deberían reunirse una vez por mes con el pastor o pastora, el líder laico, y otros líderes de clase para planificar y desarrollar el Programa de Pacto de Discipulado de la congregación.
  • El líder de clase es responsable ante la Conferencia del Cargo a través del equipo de liderazgo.
Históricamente, los Grupos de pacto de Discipulado han sido de gran eficacia para el crecimiento espiritual de sus miembros, el fortalecimiento de la Iglesia y de la identidad wesleyana. Como hemos visto, esta dinámica vio la luz a raíz de un hecho circunstancial, pero fue precisamente en medio de la adversidad -una deuda económica- como Dios inspiró a sus hijos para que planteen soluciones y encuentren en la rendición de cuentas y la ayuda mutua la forma de enfrentar los problemas.


Aviso importante
Si usted desea reproducir este artículo, favor colocar el siguiente texto:


miércoles, 28 de enero de 2015

¿Cómo nacieron los Grupos de Pacto de Discipulado?

Grupo de Pacto Metodista


Compartir el crecimiento espiritual en comunidad fue una motivación constante en John Wesley, desde los albores del movimiento Metodista en 1729, en que junto a otros tres jóvenes de Oxford empezaron a reunirse todas las noches para estudiar la Biblia. Seis años después ya eran quince personas y para 1738, el metodismo comenzó a crecer rápidamente y había que organizar a los miembros del naciente movimiento.


Una primera forma de organización fueron las sociedades metodistas, formadas por grupos de cuarenta personas que se reunían semanalmente para leer la Palabra, orar y escuchar la prédica. Estas reuniones se realizaban los jueves y, a su vez, fue un medio para que el metodismo se siga expandiendo por toda Inglaterra. Algunos estudiosos calculan que en poco tiempo llegaron a varios miles.


El avance en seguidores comenzó a representar una dificultad, pues muchos se dispersaban e iban de un lado a otro. Por otra parte, la casa de predicación de la ciudad de Bristol se encontraba sumida en una deuda. Y sin saberlo, esto significaría un nuevo paso hacia el establecimiento de otra forma de organización.


Así es como se narra  este episodio en las Obras de Weslsey:


(...) «¿Cómo pagaremos la deuda que pesa sobre la casa de predicación?» El capitán Foy se puso de pie y dijo: «Que cada uno en la Sociedad dé un penique por semana, y fácilmente se logrará esa meta».En eso alguien comentó: «Pero es que hay muchos que no tienen ni un penique para dar». «Es cierto», dijo el capitán, «así que asígnenme diez o doce de ellos. Que den lo que puedan semanalmente y yo supliré lo que falte.» Varios de los otros presentes hicieron la misma oferta. Entonces el señor Wesley decidió dividir a la gente en grupos de unos doce, a los que denominó clases, designando a los que se habían ofrecido para ayudar como líderes de cada grupo.


El plan original era que los líderes visiten a esos miembros una vez por semana, para recibir el penique. Muy pronto se dieron cuenta de lo eficiente que resultaba reunirse todos una vez por semana, bajo la dirección del líder. También se vio que esta era una excelente oportunidad para la ayuda mutua, y para que los líderes se percaten de las necesidades específicas de cada persona. Tal fue el éxito de las “clases” que Wesley replicó la experiencia en otras sociedades metodistas.


Más adelante, John Wesley diseñó las tareas encomendadas al líder de cada clase:


La tarea del Líder consiste en ver a cada persona de su Clase por lo menos una vez por semana, con el fin de averiguar cómo prospera su alma; aconsejar, reprobar, consolar y exhortar, según lo requiera la ocasión; recibir lo que están dispuestos a contribuir para la ayuda a los pobres.


Grupos de Pacto: una experiencia enriquecedora 


Grupo de Pacto: identidad wesleyana



La experiencia del compañerismo cristiano fue extraordinaria. Muchos jamás la habían vivido


Comenzaron a sobrellevar los unos las cargas de los otros y naturalmente a interesarse los unos por los otros. Al mantener diariamente una relación más íntima, creció el afecto recíproco. Así, siguiendo la verdad en amor, crecían en todo en aquel que es la cabeza, esto es Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
(Obras de Wesley. Tomo V. Puedes descargarlas gratuitamente en este enlace)


Sin embargo, no todo veían con buenos ojos estas reuniones, pues pensaban -equivocadamente- que se trataban de sesiones para reprimir; otros sentían vergüenza de hablar frente a los demás. Ante ello, se estableció formar clases de solteros, casados, hombres o mujeres, de modo que el grupo fuera lo más homogéneo posible.


Además, Wesley formuló las pautas a seguir en la reuniones de Clase.


A fin de confesarnos nuestras ofensas unos a otros, y orar unos por otros, para que seamos sanados, nos proponemos:

1. Reunirnos por lo menos una vez por semana.

2. Asistir puntualmente a la hora designada.

3. Comenzar cantando y orando.

4. Hablar cada uno en orden, con libertad y en forma clara, acerca del verdadero estado de nuestras almas, de las faltas que hemos cometido en pensamiento, palabra y obras, y de las tentaciones que hemos sufrido desde nuestra última reunión.

5. Solicitar a alguno de entre nosotros que hable de su propia situación espiritual primero, y luego pedir a los demás que, de manera ordenada, planteen en profundidad cuantas preguntas tengan, sobre su estado, sus pecados y sus tentaciones.


Situémonos ahora en la Inglaterra de fines del Siglo XVIII; tras la primera Revolución Industrial muchas familias se habían desestructurado: de las comunidades rurales habían pasado a las ciudades en busca de trabajo. A ello se debe sumar que se encontraban espiritualmente desatendidas. Y las reuniones de clase llenaron ese vacío. La reunión de Clase se convirtió en el espacio para compartir en comunidad, crecer juntos espiritualmente, alentarse unos a otros y velar por el prójimo.

Las reuniones de Clase dieron origen a lo que hoy conocemos como Grupos de Pacto de Discipulado y de ese tema hablaremos en la siguiente entrega.


Aviso importante
Si usted desea reproducir este artículo, favor colocar el siguiente texto: